El novato José Raúl Capablanca tenía sólo 22 años cuando llegó a San Sebastián, España, un día como hoy del 1911. Su trayectoria en el mundo del ajedrez había sido casi nula debido a su larga estancia en Estados Unidos donde cursó sus estudios de Ingeniería.
Sin embargo, ya había demostrado su talento al vencer en un match amistoso a Juan Corzo, en ese momento el mejor tablero de Cuba, cuando solo contaba 12 años. Además superó de forma contundente a Frank James Marshall en un match individual que finalizó 15 a 8. A San Sebastián fueron invitados los 17 mejores ajedrecistas del momento, 15 de ellos aceptaron y la única ausencia de importancia fue la de Enmanuel Lasker.
La organización del torneo había impuesto una condición a la hora de escoger a los participantes: Era indispensable haber logrado al menos dos cuartos puestos en torneos internacionales en los últimos 10 años. Como es lógico José Raúl Capablanca no cumplía esa condición por su inactividad y juventud; a pesar de ello la organización decidió invitarle, con buen criterio, por su llamativa victoria ante Marshall.
Su victoria ante Lasker en 1921, tras perseguir durante años al viejo campeón, y su inesperada derrota contra Alekhine en 1927, sin que lograra nunca la ansiada revancha, marcaron su vida ajedrecística.
Esta decisión molestó a alguno de los maestros participantes, sobre todo a Ossip Bernstein y Aaron Nimzowitsch, que expresaron su desencanto públicamente. Por cosas de la vida al señor Bernstein le tocó enfrentarse al Cubano en primera ronda y este le hizo tragarse su molestia al barrera el piso con él.
Tras esta partida, Bernstein siempre se sintió acomplejado ante Capablanca, al que fue incapaz de derrotar nunca, teniendo en cuenta que no había muchos jugadores a los que Bernstein, a pesar de no ser jugador profesional, no lograse vencer. La venganza de Capablanca no terminó ahí, ya que "se merendó" también al otro detractor, Aaron Nimzowitsch, al que derrotó en la octava ronda tras conseguir controlar un fuerte ataque realizado por el jugador danés.
Pero el ajuste de cuentas con Nimzowitsch fue más allá. Con muy mal perder, Nimzowitsch le replicó muy molesto: "no debes interferir en nuestras partidas, ya que somos reputados maestros y usted no es ni maestro". Capablanca reaccionó con valentía y pidió a Nimzowitsch jugar unas partidas rápidas con él, en las que, por supuesto, obtuvo la victoria de forma contundente.
Nimzowitsch dio mucho al ajedrez, ideas nuevas y un método que fue seguido por muchos jugadores y aficionados, pero su ego, a todas luces desmedido, le jugó malas pasadas durante su carrera, sobre todo contra el Habanero. Aquel torneo fue su primera aparición en la élite del ajedrez, y su actuación fue estelar estuvo solo al alcance de los más grandes. Había nacido una estrella, algo que se confirmó con años de grandes triunfos e imbatibilidad en el tablero.
Fuente: Ajedrez al ataque.

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