El 17 de marzo del 1911 el genio del ajedrez, José Raúl Capablanca y Graupera se consagraba en uno de los torneos mas fuertes del mundo, el de San Sebastián. Allí iba a celebrase uno de los torneos internacionales más fuertes de todos los tiempos. Desde entonces, esta bella playa española ha estado asociada con la historia del juego ciencia. 

En aquella ocasión presentaba un adecuado marco para eventos de tal envergadura, no solo porque la fundación de esa ciudad se remonta a la Edad Antigua sino por ser principalmente un sitio de veraneo en el Cantábrico, junto al mar. Nada semejante había ocurrido en España desde el año 1560 cuando se llevó a cabo el primer torneo que registran los anales del ajedrez. En esa época el rey Felipe II, entusiasta ajedrecista, donó mil ducados de oro para los premios. 

Ahora, en 1911, al cabo de más de 350 años, el único ajedrecista de lengua española invitado en un torneo internacional en España era el cubano José Raúl Capablanca. En San Sebastián hubo gran oposición de los maestros rusos Aron Nimzowitch y Ossip Bernstein a que Capablanca jugara, pues para ellos, según las estipulaciones del torneo, era requisito indispensable el haber obtenido un primer premio en torneos de esta categoría, o por lo menos dos terceros puestos en competencias de primer orden, condición el cubano no cumplía. 
Capablanca había ganado seis partidas, entablado siete y perdido una contra Akiba Rubistein.
En su haber solo exhibía como hechos meritorios, la conquista del campeonato de Cuba a los trece años de edad, como ya se ha referido, tras derrotar en un match a don Juan Corso en 1901, y haber vencido en competencia similar en 1909 a Frank J. Marshall, campeón de los Estados Unidos, con la notación de ocho partidas ganadas, una perdida y catorce tablas. 

El interés de los españoles porque Capablanca jugara en San Sebastián se basaba en que era el único representante de la raza hispana. Buscando un pretexto se le pidió a Marshall su opinión. Este respondió: “el maestro que a mí me gane un match, de ninguna manera puede considerársele jugador de segunda categoría”. La prensa y el consenso general admitían que uno de los tres vencedores serían Schlechter, Rubistein o Maroczy, agregándose que, con un poco de suerte, Capablanca podría alcanzar un cuarto lugar. Los premios eran en francos. 

El primero fue de 5 mil francos (mil dólares); el segundo de 3 mil francos, el tercero de 2 mil y el cuarto de mil. Hubo un premio especial de 500 francos que donó el barón Albert von Rothschild para la partida más brillante (que la ganó Capablanca precisamente a Bernstein). 

Además los no ganadores de premio recibirían 100 francos por cada punto ganado, lo que venía a ser un estímulo para evitar las tablas fáciles. Asimismo la organización del torneo corrió con los gastos de viaje de los participantes. Nótese que eran 15 maestros, “todos contra todos”, donde la prensa mundial estuvo pendiente. Al concluir la liga, el 17 de Marzo, hoy hacen 110 años, Capablanca resultó el ganador del primer lugar. 

Fuente: efedeportes.com