Hierro forjado en los barandales, azulejos con estampados de coquetas flores rosadas, techos de altísimos puntales, espaciosos arcos de medio punto y escalones revestidos en mármol. Los vecinos y la leyenda aseguran que fue la residencia de una marquesa.
Pero todo lo demás es un caos: las raíces de un árbol salen por un baño improvisado, los pájaros hicieron nidos, las cubiertas del primer y el segundo piso fueron apuntaladas, cascotes de escombros, paredes ladeadas y fachadas desaparecidas por completó, dejando expuesto un panorama desolador de lo que es hoy Cuba bajo la dictadura de los hermanos Castro.
Estos problemas se hacen evidentes caminando por las callejuelas de la zona de El Capitolio, la antigua sede del gobierno y uno de los edificios más espectaculares de la ciudad.
En lugar del fuerte olor de los gases que sueltan los viejos autos de La Habana, se siente el hedor de las cloacas y del polvo que flota en el aire húmedo, mientras que en los barrios periféricos y las comunidades más pobres el deterioro es peor y están aún más abandonados.
El gobierno reconoce el problema del deterioro del fondo habitacional en el país, pero atribuyó a la ausencia de recursos materiales la imposibilidad de sanearlo, en cambio ellos si viven en enormes y fastuosas residencias expropiadas en los 60´s, la gran mayoría.
Pese a todo, no se aminora el ritmo de inversión en megaproyectos turísticos. Un informe de la dirección de viviendas indicó que el déficit de casas en la isla se ubica en las 800.000. Aseguran que desde 2019 a la fecha, 2023, se concluyeron sólo 127.345 unidades y se repararon 106.332 a nivel nacional, sin embargo nadie ha visto donde se han desarrollado esas obras. En cambio sí muchos hoteles y casas destinadas a los dólares del enemigo y que ellos, lo de la dirigencia, gustan y persiguen.

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