Berta Moraleda, primera piloto en 1930. // 

Como ya nos tiene acostumbrados, en el año 2018 el presidente de paja Cubano, el señor Miguel Díaz-Canel, dijo otra de sus grandes barrabasadas y muestras de ignorancia de la historia - para colmo leídas, porque no es capaz ni de articular improvisadamente ni un pequeño discurso - que antes de la Revolución de 1959 las mujeres se encontraban “en el rincón más oscuro de la casa”. INCREÍBLE.

Este "analfa-adoctrinado" ignora que, por ejemplo, en 1953 cerca del 70% de la población femenina, un total de 2 millones 800 mil mujeres y que por cierto ya sabían leer y escribir, solo 1 millón 400 mil se ocupaba de labores domésticas, la otra mitad estaba insertada en el tejido laboral del país.

Además que en asuntos de sufragios, algo de lo que él nunca pudo experimentar, al menos de forma libre, la mujer ya lo venía haciendo cada cuatro años desde 1934, y LIBRE, no como las "elecciones" que acostumbra hacer la dictadura que él representa, que mantuvo a la señora Vilma Espín, mujer de Raúl Castro, en su cargo de presidente de la llamada "Federación de Mujeres Cubanas" de forma vitalicia hasta su muerte.

El movimiento feminista en Cuba, nació en las primeras décadas del siglo XX, y entre sus reivindicaciones en fechas muy tempranas logró importantes hitos como la Ley de la Patria Potestad, en 1917, La ley del Divorcio, en 1918, y la Ley del Sufragio Femenino, en 1934. Pero mucho antes, en 1896, aun con el colonialismo español encima, el club revolucionario Esperanza del Valle, de Cienfuegos, fue fundado en 1896 y presidido por Edelmira Guerra, realizó el primer pedido de sufragio del que se tiene referencia en Cuba y luego ya en la republica, en 1912 fue creado en La Habana el Partido Nacional Feminista, presidido por Amalia E. Mallén de Ostolaza. 


El Partido Nacional Sufragista sería el protagonista en la historia de Cuba durante la mayoría de los años (1914-1917) en los que Mario García Menocal, del Partido Conservador, presidió Cuba (1913-1917) En 1918 se crea el Club Femenino de Cuba y en 1921 la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba. Los dos congresos de mujeres se celebraron en La Habana en 1923 y 1925.

La ley para administrar sus bienes de manera independiente (1917), la del divorcio vincular (1918), la eliminación del adulterio como delito (1930) y la obtención del derecho a votar (1934), son algunos de los hitos abordados en el audiovisual.

El conocimiento de la procedencia social y económica de sus dirigentes nos permite calificarlas como un grupo heterogéneo integrado por periodistas, intelectuales, abogadas y maestras, quienes tuvieron desde su inicio la mirada recelosa de otras organizaciones que no perdonaban un desliz. […] encabezando importantes campañas favorables al sufragio femenino, reivindicaciones para las trabajadoras, asistencia social y otras. (González Pages)

Un poco de historia

El 30 de noviembre de 1921, por iniciativa del Club Femenino, se crea la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba (FNAF), la cual tuvo como principal objetivo: «Fomentar la unidad entre las asociaciones femeninas, procurando afianzar una organización que tenga como nexo la comunidad de intereses y afinidad de aspiraciones».

La FNAF estaba compuesta por cinco asociaciones: Club Femenino de Cuba, Congreso Nacional de Madres, Asociación de Católicas Cubanas, Asociación Nacional de Enfermeras y Comité de la Creche Habana Nueva. En total contaban con ocho mil mujeres afiliadas. La FNAF, a propuesta de su presidenta Pilar Morlón de Menéndez, acordó la celebración anual de un congreso donde «pudieran tomar parte todas las mujeres de Cuba, fueran o no asociadas, para exponer allí su intelectualidad, cambiarse de impresión sobre todos los asuntos de importancia para la mujer» […]

El Primer Congreso Nacional de Mujeres se reunió en la Academia de Ciencias de La Habana, del 1 al 7 de abril de 1923 

[…]. En el acto inaugural, celebrado el domingo 1 de abril, a las nueve de la noche, en el Teatro Nacional, y ante una concurrencia que lo abarrotó, Pilar Morlón pronunció un discurso donde ella misma explicaba la revolución que se estaba produciendo en Cuba:  

Una revolución, sí, efectivamente es, revolución pacífica o evolución, no importa el nombre, pero algo nuevo, algo desconocido entre nosotros, donde hasta hoy la mujer tuvo sus actividades limitadas a un papel humildemente pasivo, algo cambiado inexorablemente en la marcha habitual de nuestras cosas [...] Es ésta nuestra Revolución. El Segundo Congreso Nacional de Mujeres, celebrado del 12 al 18 de abril de 1925, en el mismo lugar en el que se realizó el anterior, contó con la presencia del presidente electo (Machado). 

«En la sesión solemne de apertura, en un breve discurso, el presidente Gerardo Machado afirmaba: «[...] la mujer tiene derecho a ejercitar las funciones cívicas, ya que ese derecho aparte de la razón humana y universal que lo abona, surge también legítimamente, de los esfuerzos que la mujer cubana realizó en la lucha larga y terrible por la conquista de la República Cubana»

Este hecho, a pesar de ser criticado con posterioridad, ha de ser entendido políticamente, ya que las sufragistas veían que la presencia de Machado daba esperanza a que se produjera el tan deseado sufragio femenino, el cual fue la demanda central de este Segundo Congreso. El tema del sufragio femenino fue encarado de una manera apasionada por parte de las líderes sufragistas Amalia Mallén, María Collado y Ana Batallé, así como las abogadas Graziella Barinaga y Ángela Zaldívar. La ponencia de María Collado fue una de las mejores recibidas cuando expresó: 

"El voto es, señoras congresistas, un arma poderosísima en las manos de quien sabe ejercitarlo, él es también como un lazo de unión entre el ciudadano y la patria. Por mediación del voto demuestra el elector su civismo, su amor al suelo en que nació y su preparación para la vida pública, pues según él sepa elegir, demostrará que sabe sentir, que sabe pensar y que sabrá mantener, por sobre toda consideración, el amor a su bandera".


La constitución del 1940 declaró punible la discriminación racial y sexual, colocó la familia, la maternidad y el matrimonio bajo la protección del Estado, decretó el ejercicio libre de profesiones y empleos, la igualdad en la administración de bienes y el acceso al salario, además de beneficios concretos para las madres trabajadoras.

Esta constitución negaba la posibilidad de formar “agrupaciones políticas de sexo o raza y entendía los derechos de las mujeres como un conjunto de demandas estrictamente sociales. Los gobiernos de Fulgencio Batista, Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás– impulsaron la institucionalización de una política de género. Se crearon la Asociación Nacional de Retiro Doméstico, las Escuelas del Hogar, la Ley del Seguro de Salud y Maternidad Obrera.

Las asociaciones femeninas, que eran varias antes de 1940 –Mujeres por el Sufragio y la Igualdad de Ciudadanía, Cooperativa Internacional de Mujeres, Consejo Internacional de Enfermeras, Federación Internacional de Mujeres Universitarias, Asociación de Mujeres Cristianas–, se reprodujeron a partir del Congreso Internacional Femenino de 1939.

Los principales partidos políticos de los años cuarenta –el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), el Partido Socialista Popular (Comunista) y el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo)– tuvieron sus respectivas secciones femeninas. Mientras que instituciones de la sociedad civil, como el Lyceum and Lawn Tennis Club de La Habana o la Hispano-Cubana de Cultura, destacaron en la lucha por los derechos de las mujeres.

Aún así hay que admitir que las mujeres alcanzaron una posición minoritaria, muy lejos de la paridad, en el poder legislativo del Estado: entre 1936 y 1952 solo hubo tres senadoras y veinticuatro representantes. Algunas como María Gómez Carbonell, Mariblanca Sabas Alomá, Zoila Mulet de Fernández-Concheso y Zoila Leiseca, llegaron a desempeñar funciones ministeriales. Otras como Elena Mederos, Ofelia Domínguez Navarro, Blanche Zacharie de Baralt, Patria Mencía de Krizman y Teresa Casuso ocuparon cargos diplomáticos en diversas embajadas y ante la ONU.

Con a dirección de Vilma Espín los casos de violencia femenina reportados en Cuba en 1998 y primer trimestre de 1999, datos que con toda probabilidad fueron mayores, eran de : 7735 lesiones; 1307 violación: 33 abuso sexual; 65 ultraje y 577 injurias lascivas, con un 3% menores de edad. Hasta 2023, que cerró con 117 victimas, las muertes violentas alcanzaron casi las 40 por año, como promedio.

Lo que fundó el castrismo y dirigió la señora Vilma Espín en 1970, no fue más que una extensión del Partido Comunista en un país que, cuando sus huestes se apoderaron del poder el 1ro. de enero de 1959 existían en la isla alrededor de 900 organizaciones independientes de mujeres, ONG, que se habían formado durante los 56 años de República, y cuando la población femenina no superaba los 3 millones. Vilma, y su cuñado, Fidel Castro, se encargaron de "unificar" todo eso en solo poder, normal en ellos, en su afán de colectivizarlo todo. 

Y aunque es cierto que la "Revolución" se encargó de por otro lado se preocupó, y mucho,  para por medio de la señora Vilma mantenerlas bien lejos del "poder político". Su imagen lo decía todo: "Boina fusil y encima, para colmo del descaro, con su bebé en brazos. Y lo que es peor, hoy no sabe ni quien las dirige, con índice de violencia doméstica jamás vista en Cuba y con el señor arriba mencionado, que "mandó a combatirlas" y luego encarceló a cientos de ellas por decir lo que pensaban, sirve menos todavía en ese, no sabríamos ni como llamarlo, pero que igual es fallido.

Datos tomados de: "La mujer revolucionaria antes de la Revolución cubana: logros y vicisitudes". María del Mar López-Cabrales. // González Pagés, Julio César. «La diáspora sufragista en Cuba 1898-1925» //"Feminismo y republicanismo en Cuba". Letraslibres.com