Madrid 1870. // 

En 1973 el actor británico, Anthony Hopkins, debía interpretar la adaptación de la novela "La chica de Petrovka", del escritor británico George Feifer. Recorrió todas las librerías londinenses para conseguir el libro, y le resultó imposible. A los poco días viajaba en el metro, y de repente vio un libro sobre un banco de la parada y cual fue su sorpresa, el título de ese libro era "La chica de Petrovka".

No solo eso, y mejor lo cito textualmente:

«Casi un año más tarde, durante el rodaje, en Viena, tuve la suerte de conocer al mismo George Feifer en persona. Le conté cuán difícil había sido encontrar su libro y cómo, por azar, había encontrado un ejemplar en el metro. Me respondió que él tampoco tenía ninguno: le único que tenía se lo habían robado a un amigo. Entonces saqué de mi cartera el que había encontrado y ¡resultó ¡era el suyo!. El ejemplar que había encontrado en el banco de la parada del metro estaba lleno de anotaciones hechas por el mismo autor».

Dicho esto:

Un jovencito José Martí llegó al puerto de Cádiz, sur de España, el 15 de enero de 1871 en el vapor “Guipúzcoa” y en calidad de deportado, tenía entonces 18 años, y para eso gracias a las gestiones que hizo su padre don Marianao. Aún así le fue tan productivo este destierro, que le sirvió para graduarse en la universidad de Zaragoza de derecho civil y canónico, aprender política y conocer un montón de amigos.

Sin embargo de lo que poco se habla es que durante sus primeros días en la capital española, recibió la ayuda - la tremenda ayuda se podría decir- de doña Bárbara Echevarría Carmona, una santiaguera que había enviudado del general español don Valentín Joaquín Ravenet y Marentes, ex gobernador de Santiago de Cuba y conocido en la isla con el sobre nombre de "General alma de ángel", por su trato bondadoso hasta con los prisioneros y enemigos en general.

A la muerte de este general, como era de suponer el resto de la familia española le viró la espalda a la Cubana, que con sus dos hijos, uno de ellos adoptado de un matrimonio anterior de su fallecido esposo, tuvo que hacer malabares para poder salir adelante. Sin embargo la llegada de Martí a Madrid en 1871, sirvió para que, al menos, le diera clases a esos niños. Así lo deja patente su biógrafo Jorge Manach:

“Afortunadamente, doña Barbarita Echeverría (sic), que tanto se conmovió con la lectura de El presidio, se percata de la situación, y una vez que Pepe va a visitarla, buscando calor de casa y de eses cubanas, la viuda de “alma de ángel” le pregunta si podrá encargarse de dar clases a sus hijos.

Sin embargo Martí decide continuar sus estudios en Zaragoza, y con los años el destino quiso que uno de los hijos de esta señora, Pedro Joaquín Ravenet, quien contaba cinco años de edad en el momento en que conoció a Martí, decidiera seguir la carrera militar de su padre. De manera que en septiembre de 1884 ingresó en la Academia General Militar de Toledo.

En 1888 fue promovido a alférez de infantería y al año siguiente asumió el puesto de abanderado del batallón cazadores de Puerto Rico, con sede en Madrid. En 1892, ya con el grado de primer teniente de infantería, fue destinado a un regimiento en Cádiz; y de ahí es enviado a la isla de Cuba. Para más coincidencias, el alférez Pedro Joaquín llega a Santiago de Cuba, la ciudad natal de su madre, el día 22 y el 29 es incorporado como refuerzo en operaciones en contra de los insurgentes cubanos.

Lo hizo como integrante de la 2ª media brigada de la 1ª división, que estaba al mando del Coronel José Ximénez de Sandoval, y que estaba compuesta por 600 hombres integrados por los batallones 2do, 5to y 9no, más una sección del batallón "Hernán Cortés" de operaciones en la zona, comandado por el teniente coronel Manuel Michelena Moreno.

Y como un fatal presagio, al producirse la delación de un práctico de las fuerzas de Máximo Gómez y Bartolomé Masó que fue capturado, ¡este hombre, Pedro Joaquín Ravenet y Echeverría, fue uno de los fusileros que le dieron muerte a José Martí en el potrero de Dos Ríos!. No podemos decir que fue él quien le dio muerte, de eso se encargó el soldado cubano Oliva, pero si estuvo con el teniente coronel Michelena cuando llevaron el cadáver del apóstol al pueblo de Remanganaguas, y de allí a Santiago de Cuba donde fue exhumado.

El parte del coronel Sandoval al general Salcedo del día 21 así lo deja constatado:

"El teniente Ravenet, subordinado a Michelena, participó en la batalla en que cayó Martí, como indica claramente esta anotación en su expediente de militar: “...el 19 de mayo se halló en la acción Dos Ríos dando muerte la columna al titulado presidente de la República Cubana D. José Martí, ocasionando a los insurrectos numerosas bajas y cogiéndoles caballos con monturas y correspondencias...”.

Más tarde, en junio de 1895, lo hicieron capitán en la batalla del Caney, en Santiago de Cuba, y luego fue destacado en Pinar del Río como miembro del regimiento de infantería "Alfonso XII", que se enfrentó, en 1896, a las fuerzas de los generales Antonio Maceo y Quintín Banderas en la provincia La Habana durante la invasión al occidente de la isla.

En junio del año siguiente, hallándose en el poblado de Madruga, recibió la cruz de primera clase del mérito militar, con distintivo rojo. En esa localidad estuvo al frente de la 6ª compañía hasta julio de 1898 que fue enviado al barrio habanero del Vedado, para tomar el mando de la 1ª compañía encargada de la fortificación de la ciudad ante el asedio de los buques norteamericanos.

Tras la firma del Tratado de París en el siguiente mes de diciembre, el fin de España en Cuba, contribuyó a sofocar el levantamiento de los integristas que no acataban ese acuerdo de paz. A bordo del vapor alemán Darustadt, el capitán Ravenet retornó a España como miembro del ejército colonial derrotado en Cuba. En su pecho llevaba además la cruz de primera clase del mérito militar, roja pensionada, que había recibido en octubre de 1897.

Con su madre Barbarita ya fallecida, en 1904 fue sometido a un consejo de guerra celebrado en Madrid, donde fue acusado del delito de hurto consumado. Fue condenado a la pena de dos meses y un día de arresto mayor, la separación del ejército y la cancelación del derecho a pensión por jubilación. De ese modo su carrera militar terminaba de la peor manera y con 4 hijos que mantener.

Ante esta situación, Pedro Joaquín se regresa a Santiago de Cuba con la intención de heredar las propiedades y tierras que, supuestamente, tenía allí su madre fallecida. Pero si pensaba que esto había terminado aquí, pues no, resulta que se encontró que uno de sus "primos santiagueros" era el difunto general del ejército libertador Francisco Ravenet, y que para más detallas había sido nombrado por le republica gobernador de Oriente en 1902. Osea el mismo cargo de su tío abuelo español durante la colonia.

Ya sabe como somos los cubanos, un ex enemigo, extranjero y que encima mató al líder de ese ultimo levantamiento y futuro presidente que venía a reclamar las cosas que consideraba suyas. Iba a ser que no. Nada de nada. No pudo reclamar ni una cuarta de terreno. Aún así prefirió quedarse viviendo en Santiago y desempeñando el oficio de "espiritista".

Y parece que no le fue tan mal, pues en 1906 su esposa se reúne con él en la Habana junto a sus 4 hijos. Estudiosos de la época aseguran que no atendió como debía a su prole, y que al parecer, metido de lleno en la brujería y el esoterismo, dejó abandonados. De hecho bajo el seudónimo de "Esjarty", Ravenet escribió varios libros sobre ese tema.

Entre ellos podemos citar "Nuestros poderes ocultos", en 1910; "Concepto de alto ocultismo" y "El poder de la voluntad. El poder de la voluntad", en 1911; "Las percepciones internas. Su clasificación" y "La clarividencia y otras mediunidades", en 1912; "La impresión de los demás. La adaptación conyugal" "Destrucción de obstáculos. Cualidades para ello. "Acumuladores de la energía." en ese mismo año, según lo cita Carlos Manuel de Trelles y Govín, considerado el padre de la bibliografía Cubana, en el segundo tomo de obra su "Bibliografía cubana del siglo XX".

No sabemos si fue el espíritu de José Martí que vino del más allá para perturbarle, o que no podía vivir con el remordimiento, pero el 16 de abril de 1911 escribe y publica un artículo titulado “Recuerdos de mi infancia: José Martí”, en el diario habanero "La Lucha", y aunque no dice "ni pío" de lo que sucedió en "Dos Ríos", gracias a este artículo salió a la luz un poema desconocido de Martí dedicado a su madre, que luego de ser verificada la autoría fue incluido en el segundo tomo de la "Poesía Completa" de 1993:

Cese, señora, el duelo en vuestro canto,
¿Qué fuera nuestra vida sin enojos?
¡Vivir es padecer! ¡sufrir es santo!
¿Cómo fueran tan bellos vuestros ojos si alguna vez no los mojara el llanto?
Romped las cuerdas del amargo duelo.
Quien sufre como vos sufrís, señora:
Es más que una mujer, algo del cielo
Que de él huyó y entre nosotros mora.

Arruinado como estaba, Joaquín Ravenet Hechavarría regresó a Santiago de Cuba y, víctima de un cáncer de estómago, falleció poco después en el Hospital Civil de esa ciudad. Pero antes le dio tiempo de visitar la Habana y reencontrase con el único hijo que quiso verlo en ese momento, Ramón, que ya para entonces contaba con diez años. Y ya para terminar, el mismo día en que se cumplían los 21 años de la muerte del apóstol, la viuda, así como sus hijos, se enteraron de la muerte de su padre.

Con los años ese niño, Domingo Ravenet Esquerdo, se convirtió en un destacado pintor y muralista, escultor y profesor de pintura, graduado en la Academia de Bellas Artes San Alejandro, y con estudios especializados en la Academia La Grande Chaumiere, de París, y en el Museo del Prado, de Madrid. Consiguió exponer sus obras en en el Capitolio Nacional, en el Palacio de Bellas Artes y en instituciones extranjeras como el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México, y el Museo de Arte Moderno de Houston, Texas. Domingo murió en la ciudad balnearia de Varadero, en 1969.

Solo agregar que estas afirmaciones de Ravenet, constan en un libro titulado, "Discípulo, enemigo y admirador de José Martí", del escritor Jorge Domingo Cuadriello. Además Barbara se encuentra sepultada en el cementerio de Cienfuegos, ciudad donde fallece Barbara Echeverría y Carmona el 22 de julio de 1897, como consta en el libro de defunciones de la catedral de esa ciudad. Y hablando de pintores, ¿sabía usted que el fusilero del segundo batallón que le dio muerte a José Martí en Dos Ríos, era el abuelo del artista plástico Pedro Pablo Oliva?. Pero esa anécdota - bastante conocida además - ya la publicamos en otra ocasión.

Maldita Hemeroteca.
Fuente: Espaciolaical.net