El código penal de la revolución francesa de 1791 despenalizó las relaciones sexuales entre varones, y antes de terminar el siglo XIX, los actos homosexuales dejaron de estar prohibidos en países como Bélgica, Italia, Luxemburgo, Mónaco, Portugal, Rumania y España, hasta que llegó la dictadura de Francisco Franco. Pancracio Celdrán, en «El Gran Libro de los Insultos» define al mariquita como un «afeminado y cobarde que se comporta con pusilanimidad y remilgos de mujer».

Aunque no está muy claro el origen de esta palabra, todo parece indicar que viene del diminutivo de María, y que era utilizado en España para señalar a las mujeres "de la vida" o prostitutas, pero que con el tiempo se utilizó también para los hombres homosexuales - sobre todo pasivos - y los comparaba con las mujeres por ese rol precisamente. Además le atribuía características femeninas a su comportamiento y maneras de conducirse.

Mientras que el mariquita se identificaba como mujer desde pequeño, el maricón lo aparentaba y por eso era considerado un depravado. Volvemos a Celdrán para aclararlo mejor «Al mariquita le gusta comportarse como una mujer, porque en el fondo se siente femenino, y como tal mujer busca al hombre y no como un hombre busca a otro, en el caso del homosexual puro». Más o menos así.

En Cuba, además de a los homosexuales, también se les llama así al plátano frito en rodajas muy finas y con sal por encima. También se hacen de malanga, pero en menor medida. Conocidas también como "chicharritas", igual se venden en bolsas como snack, pero en nada se parecen a las hechas en casa. Ahora en cuanto a la "otra mariquita", probablemente el término nos haya llegado de esa misma España hace siglos.

De hecho un artículo aparecido el 9 de septiembre de 1888 en el periódico “La Cebolla”, - órgano oficial de las prostitutas en la Habana", y que llevaba el título de "Los maricones" se describe como tal a "ciertos tipos que frecuentan las calles de San Miguel que de la cintura para arriba son mujeres y de la cintura para abajo son hombres, pero de los pies a la cabeza no son hombres ni mujeres. Evidentemente que les hacían la competencia.

Incluso antes, en "Papel Periódico de la Havana", apareció un articulo que data del 1791 titulado “Carta crítica del hombre muger” (La letra J no se usaba en esos tiempos) que con un incipiente carácter nacionalista, se insertaba en la red discursiva de la sexualidad en la sociedad criolla de esos años. La autoría se le atribuye al presbítero y teólogo José Agustín Caballero, considerado como el padre de la reforma filosófica en Cuba, aunque lo firmaba - como era la costumbre entonces - a través del seudónimo "El Amante del Periódico".

Aquí un fragmento:

"Poco se necesita para conocer á donde va á parar mi discurso, quando su título (...), está indicando que me contraigo á hablar del torpe y abominable vicio de la afeminación, antiguo bolero, ó enfermedad que á contaminado á una porción considerable de hombres en nuestro País. No parece sino que mal hallados con el favor que les ha dado la naturaleza, voluntariamente quieren desposeerse por sus caprichos extravagantes del privilegio que gozan, haciéndose indignos del honroso título de Hombres (...)".

En 1890 se efectúa en La Habana el primer congreso médico regional, y el destacado médico, antropólogo y criminólogo cubano, Luis Montané y Dardé, presentó una ponencia titulada “La pederastia en Cuba”. Antes de exponer sus consideraciones, Montané hace alusión a una captura durante ese año - por parte de la policía - de un grupo de 45 pederastas (homosexuales). Dejando bien definida su postura ante el problema, el medico partía de la base de que la pederastia era un “vicio asqueroso” y ofrecía, además, su concepción del papel que debía desempeñar la medicina.

Esto fue algo de lo que dijo en aquel congreso:

"Es costumbre que todos los que se ocupan del mismo asunto, confiesen el rubor que les sube á la frente, y traduzcan las indecisiones que han tenido ante la idea de ocuparse de esta perversión sexual, tan asombrosa bajo el punto de vista psicológico. 

Según mi criterio, es un pudor exagerado cuando es el médico el que escribe ó habla, porque considero que, al describir males tan vergonzantes, no tenemos, como hombres del arte, que inquietarnos de lo que puedan tener de repugnantes, porque la ciencia no tiene, no puede y no debe tener pudor".

El vice decano de la universidad de Vigo en Galicia, Carlos Tejo Veloso, aseguró en "Nadando contra corriente" algo que es muy cierto. Fueron los grandes próceres libertarios cubanos quienes contribuyeron a construir un modelo de estereotipo masculino de héroe viril. Sin embargo en aquella manigua redentora también hubo mariquitas.

Ya lo hemos publicado antes, mambises como el espirituano Manuel Rodriguez, conocido como "La Bujita", sastre de profesión, quien tenía al parecer un patrón de comportamiento bastante femenino, según lo relata el mayor general Serafín Sánchez en su libro “Héroes humildes y poetas de la guerra”. Pero ojo, estamos hablando "de un mariquita" que, en 1872, el mayor general Ignacio Agramonte le concedió el grado de capitán de rifleros de las Villas, un puesto envidiado por muchos "hombretones". "La Brujita" encontró la muerte en un combate en el caserío de Caobillas, en Santi espíritus.

Sin embargo ya ven que más allá de considerar el campo insurrecto como un reivindicador de conductas, el general Serafín Sánchez supo ir más allá de esa hipócrita y habitual censura, y destacar el valor de aquel bravo mambí dentro de un contexto que ha sido sometido por la historiografía cubana a una zona de silencio. Por otro lado vemos una situación similar con el mayor general colombiano Avelino Rosas, que en las filas del ejercito libertador cubano era conocido como "El León de Cauca".

De sus rasgos mariquitas se burlaba don Fermín Valdés Domínguez, condiscípulo de José Martí y fundador del "Diablo Cojuelo", en cambio si sumamos su estancia en los EEUU y luego el tiempo que pasó como integrante del cuerpo de sanidad, saque cuenta entonces la de privaciones, tiros y machetazos que este hombre, varón y masculino, se ahorró en su vida manigüera. Avelino cayó en el ataque a Cascorro, en Camagüey, cuando comanda el cuerpo de infantería del núcleo del ejército que atravesó la trocha Júcaro - Morón.

Así es la vida. Mientras que el doctor Fermín Valdés Domínguez pasó a la historia como jefe de despacho de Máximo Gómez, del general Avelino apenas se habla, permanece una eterna nube del olvido tendida por quienes le temieron o le odiaron, sobre todo los conservadores, los jerarcas de la Iglesia, los frustrados en conspiraciones de salón; militares celosos de su pericia y de los laureles que cosechó en Cuba, entre ellos el doctor Fermín, que a lo sumo llegó a los grados de coronel.

Pero no vaya usted tan lejos, el propio caso del mayor general Julio Sanguily. No hay más que ver las memorias del soldado Ricardo Batrell Oviedo, ayudante del mayor general Pedro Betancourt, cuando estuvo a punto de matarlo a tiros al "intentar propasarse" cuando iban en dirección Vuelta Abajo. 

¡Hay cosas que opacan el alma más varonil y enfrían los corazones; más, cuando se es demasiado joven como yo lo era en esa época que describo. Cuando se vive de amor y de ilusiones. Yo vi en el cariño de mi jefe un padre.

Y en su justo reconocimiento el amigo honrado y leal, y por lo tanto soñaba en mejores días para mí a un oscuro porvenir a su lado, ayudándolo en las contiendas de guerra que se me prestaba como el más fiel soldado y como el más cariñoso de los hijos!

Algo grave, muy grave pasó entre los dos en nuestro trayecto hacia nuestro campamento. Pues no le hice fuego cuando cargué la tercerola prohibiéndole que me siguiera, porque hubiera tenido que abdicar de mi glorioso ideal de Libertad presentándome. (entregándose a los Españoles). Pues nadie iba a creer la causa que me impulsaran darle muerte si lo hacía. Esto le dije, y tuvo a bien no seguirme".

De aquello ya han pasado más de 130 años.

En 1944, en la revista "Orígenes", uno de sus directores, José Lezama Lima, publicó dos capítulos de la novela Paradiso (1966), uno de los textos más sobresalientes de la literatura latinoamericana. "La simulación" (1982 ) y "De dónde son los cantantes" (1967) de Severo Sarduy, un autor cubano exiliado en 1960 en París, donde se visualiza y disemina la imagen del travestismo.

En esa época en Cuba habían varios clubes de ambiente gay o "friendly" como El Club Shanghai, El Usero, Los Troncos, Las Vegas, Dirty Dick, La Cuevita, El Sain't Michel, El Intermezzo, incluso había una canción de Rita Montaner, homófoba por supuesto, que se titulaba "Ay, qué sospecha tengo! " o el clásico de Ñico Saquito "Cuidadito compay gallo". Sin embargo, mariquita constituía (y aun lo sigue siendo) el peor insulto posible para un hombre hetero. Entre otras cosas porque se fue construyendo sobre la base de que era un vicioso, un inmoral y hasta un pervertidor de niños.

De hecho la policía en Cuba, la de antes de 1959, lo calificaba como "Pederastas o Sodomitas". Peor le fueron a los mariquitas a partir de 1959 que llegaron los barbudos, porque entonces ya no se trataba solamente de considerarlos como tal, sino como un contrarrevolucionario desviado ideológicamente. "Lo peor de lo peor", en la construcción del "hombre nuevo" que tanto pregonaban. 

La folclórica Lola Flores lo dijo bien claro en una entrevista. A la pregunta de: ¿Cómo le gustaría que fuese su funeral?, Lola respondió: "Quiero que me embalsamen y me expongan en el Teatro Calderón, para que pasen a despedirse los mariquitas que me quieren mucho”. Total que les dejamos la "Canción del Mariquita", del poeta Federico García Lorca, que por serlo, aún se buscan sus huesos en Granada después de 87 años. 

El mariquita se peina
en su peinador de seda.
Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.

El mariquita organiza
los bucles de su cabeza.
Por los patios gritan loros,
surtidores y planetas.

El mariquita se adorna
con un jazmín sinvergüenza.
La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.

El escándalo temblaba
rayado como una cebra.
¡Los mariquitas del Sur,
cantan en las azoteas!